por Jlin.
La leyenda entorno al pozo era tan antigua como la aldea y de aquella negra boca excavada en piedra se contaban todo tipo de historias. Un puñado de retorcidos y centenarios árboles moribundos rodeaban el círculo de piedra. Asomarse al pozo tratando de hollar su insondable negrura, era asomarse al interior de uno mismo. Unos se dejaban la cordura en el intento, otros, menos afortunados, la vida misma.
Jasón se aproximó con cautela mientras un escalofrío le recorría la espalda. El silencio, roto ocasionalmente por el crujir gimiente de los árboles, daba miedo por antinatural y el hedor proveniente del interior del pozo lo impregnaba todo. Avanzó indefenso, arrastrado por su propio deseo, respirando a duras penas bocanadas de aquella negrura que emanaban de la sima envolviéndole con su manto. Jasón creyó escuchar risas infantiles, macabras, a su alrededor. Frente a él se abría el pozo, más negro que la propia oscuridad. Tras él, un aliento gélido en la nuca le hizo cerrar los ojos. Del agujero ascendían tétricos crujidos, gemidos dolientes y gritos de puro terror que se elevaban inmisericordes helándole la sangre en las venas.
¿Cuánto tiempo duraría aquello? Horas. Minutos. La eternidad tal vez.